ANDALUCÍA Y SU STATU QUO ELECTORAL

Desde que el pasado domingo se hicieron públicos los resultados electorales en Andalucía, las redes sociales se han convertido en un fluir de mensajes en los que los autores muestran su extrañeza, al tiempo que critican a los votantes, por haber elegido de nuevo al PSOE, que ahora dirige Susana Díaz. Ante la colección de asuntos pendientes en la Justicia, por el tema de los ERE, que la juez Alaya viene engrosando cada día, y la probable implicación en estos turbios asuntos de los ex presidentes de la Junta, Chávez y Griñán, los andaluces, mayoritariamente, han decidido apostar por el “madrecita, que me quede como estoy”, sin arriesgar en extrañas aventuras. Y me llama especialmente la atención no sólo esta actividad de las redes sociales, a las que hay que valorar con especial cuidado, sino los artículos leídos estos días, ahora un poco más calmados tras el lamentable accidente aéreo que ha costado la vida a todos los tripulantes del Airbus A320 de la compañía alemana de low cost, Germanwings, el pasado martes en los Alpes.

Me extraña, especialmente, que algunos analistas se expresen con cierto enfado, camuflado, no obstante, por la sorpresa.

Andalucía es la Comunidad Autónoma más poblada de España y la segunda en superficie. Los analistas la definen como una comunidad de muy bajo factor de desarrollo económico y social, con una elevada tasa de paro –está a la cabeza de las Comunidades Autónomas- y una población con menor formación a nivel educativo que el resto. Pero los mismos estudios reconocen que, en general, existe una buena calidad de vida, con unas infraestructuras muy aceptables y con un factor turístico importante, al que acompaña un también muy aprobado número de kilómetros de carreteras, teniendo en cuenta el tamaño de esta Comunidad.

A pesar de los escándalos, el partido que ahora representa Susana Díaz ha venido “abonando” este terreno electoral con mucho esmero, escándalos al margen, a sabiendas de que este voto agradecido mantendría su fidelidad. Cambiar este sistema no es asunto baladí, como se puede suponer, y nadie tiene, por muchas promesas que se hagan, la suficiente capacidad para lograrlo. El PSOE ha mantenido su posición de manera inalterable, mientras que los votos indecisos han fluctuado en busca de otras soluciones. La interpretación es simple, es el voto agradecido de miles de andaluces que, al margen de otras consideraciones, prefieren el pan para hoy a sabiendas de que el hambre para mañana es sólo una posibilidad. Son muchos, suficientes, para mantener el statu quo, que tienen como principal prioridad el ahora y que no quieren ni oír hablar del mañana porque el mañana, como dice Serrat, es sólo un adverbio de tiempo.

El esperado por anunciado batacazo del Partido Popular, alejado de los resultados de las últimas elecciones, con la pérdida de un buen puñado de escaños, que debería haber producido ya alguna que otra reacción en la sede de Génova; la irrupción de Podemos, con los votos de Izquierda Unida; la presencia en la Junta de Ciudadanos, a pesar de algunas contradicciones en su programa ideológico,  formaban parte de las quinielas electorales.

 

Sólo dos apuntes para terminar: No comparto la opinión de los que dicen que una parte de los 17 escaños perdidos por el Partido Popular han ido a parar a Podemos. El votante natural del Partido Popular o vota a su partido o, por cabreo, no vota. Lo del cabreo parece que últimamente se va generalizando entre estos votantes. Y la segunda cuestión es que comparto la reflexión que hace en su blog Fernando José Vaquero Orouieta, que habla del desastroso resultado obtenido por Vox, la formación en la que milita Ortega Lara.

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Con su Permiso, UN POCO DE HUMOR

Martino A.

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