CIUDADANOS Y SUS CONTRADICCIONES

El ascenso fulgurante, en el panorama electoral, del partido que lidera Albert Rivera, representa una opción para los votantes de centro. Con un discurso plano, carente de referencias ideológicas tradicionales, y tremendamente cauto a la hora de los compromisos (más allá de la propuesta regenerativa), ante el votante, Ciudadanos se presenta como una opción para enmendar los errores en los que han caído los dos grandes partidos, lo que les da un cierto aire populista.

 

Desde mi punto de vista hay dos temas, en el ideario de Ciudadanos, que me llaman la atención. Son los referidos a la cultura (que ellos citan en minúscula, aunque tal vez sea un problema de ortografía, no de apreciación), y la lengua. Y hay otro asunto, que tiene que ver con la estructura de España como Estado, que puede plantear algunas contrariedades o, por lo menos, puede inducir a algún error de interpretación como es el papel de las Comunidades Autónomas y el proceso descentralizador comenzado hace varias décadas.

 

La cultura que contempla Ciudadanos es “una herramienta de integración social”, pero más adelante se contradice cuando apunta: “la cultura de hoy día, por fortuna, es universal y no local. Por eso queremos recordar que en una sociedad avanzada la cultura no puede tener una voluntad homogeneizadora, que no es un elemento de conformación de identidades políticas, que no es algo que deba fundamentar de forma partidista un imaginario colectivo, erigir unos valores, reforzar unos símbolos, establecer esquemas de discurso, dictar premisas éticas y crear juicios…”

 

Además de no definir lo que entienden por sociedad avanzada, encuentro una auténtica discrepancia de pareceres entre la cultura como una herramienta de integración social, frente  a que no puede tener, en una “sociedad avanzada”, una idea homogeneizadora. Porque, precisamente, el fundamento de la cultura, como dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, es el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, el conjunto de modos de vida –no sólo del individuo, sino del grupo al que pertenece el individuo- que permiten a la sociedad compartir conocimientos, desarrollo artístico, científico, industrial etc. La Cultura claro que es herramienta de integración social, y, precisamente por eso, es integradora, identifica al grupo que la comparte y al que nutre, representa sus valores, refuerza sus símbolos y marca su camino ético.

 

Respecto a las diferentes lenguas de España parece que caen también en algunas contradicciones. Dice el ideario de Ciudadanos: “las administraciones deberán atender en la lengua oficial que elijan los ciudadanos”, y eso me lleva a preguntar ¿han tenido en cuenta, en base, precisamente de los derechos históricos, el castúo, el aragonés, el leonés, el asturiano, o el que deriva del guanche canario? Si son los ciudadanos quienes exigen de las administraciones el uso de una u otra determinada lengua, ¿estamos hablando de un proceso de integración social?, ¿a qué nivel, nacional, autonómico, local? (y me refiero en este caso al ampurdanés, por ejemplo).

 

“La lengua es un atributo –dice el programa ideológico del partido de Rivera- de las personas no de los territorios, en consecuencia, las lenguas no pueden estar por encima de los derechos y libertades de las personas, de los hablantes”. En este caso, ¿cómo se establece la exigencia de conocer una determinada lengua para optar a un determinado trabajo, para integrarse en una determinada comunidad, o para elegir la que prefieras para la educación de tus hijos?

 

Auténticamente confuso, o demagógico, es el apartado en el que dicen: “No politizaremos las identidades, es compatible sentirse español y catalán, vasco, gallego o andaluz…”. Nos dice este párrafo, auténticamente pernicioso, que una persona puede querer tanto a su padre como a su madre, y no pasa nada.

 

Voy a terminar con otra curiosidad, referida en este caso a la estructura estatal de las Comunidades Autónomas. Ciudadanos asegura que las transferencias autonómicas han quedado en poder de las CCAA, no favoreciendo su traspaso a las entidades locales, como son los ayuntamientos, y propone un desarrollo de éstos, aunque también contempla suprimir aquellos que cuentan con menos de 5000 almas. Me resulta curioso porque, allá por 1820, tras la revolución liberal de Riego –supongo que por declararse liberales, apelan a sus orígenes- una disposición liberal otorgaba a las comunidades con 1000 almas, la posibilidad de convertirse en ayuntamiento, y muchos de los actuales tienen en esa época su nacimiento.

 

Pero, al margen de apelaciones históricas ya desfasadas, y no sólo por el tiempo, lo que más me llama la atención de este partido que hoy representa una opción de voto, aunque muchos de los que les voten no sepan que respuestas tienen para los grandes retos del presente, es que en el apartado correspondiente a Sanidad, dice: “incentivaremos al personal y penalizaremos el absentismo”. Y, como suele ser una constante en su ideario, no aclaran a qué personal hay que incentivar ni a quienes afecta la persecución del absentismo. Y una vez más, vemos como la imprecisión, o la demagogia, inundan el eje ideológico de este partido nacido en la red, supuestamente vertebrado sobre el cansancio y el hastío que produce el sistema partitocrático actual, y que se presenta como una opción en la que el sello de liberalismo de sus líderes parece ser suficiente para desechar otras opciones ideológicas.

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